Llega la Semana Santa… Recuerdos de infancia

La infancia de muchos, por lo menos la mía, está asociada a la comida. En España, afortunadamente, la comida lo es casi todo. Tantas cosas giran en torno a una mesa, con un buen vino y buena compañía: familias, amigos, negocios… Comer y beber se convierte en un placer pero también algo social, algo colectivo. Y dentro de estas reuniones colectivas, una que recuerdo con especial nostalgia, era la semana santa. Si, esos momentos en familia, en aquellas calles de Granada, sorbiendo mi granizado mientras de fondo, solemnes, se oían los pasos y llegaba la procesión. Esa liturgia, esa ceremonia y la comunión de toda la gente con lo que estaba pasando.

Yo, joven y disperso, no le prestaba demasiada atención, quizás a algunos sonidos de la banda, un poco a los olores del incienso; menos a las pasos y cofrades. Sin embargo, como si de un resorte se tratara, había una hora en la que mi padre se dirigía a algún amigo, que seguramente también habría llevado a sus hijos que jugaban conmigo, para decirle:

–  “Bueno, es hora de irnos a cenar”-. Porque todo se reducía a eso, finalmente. Tras ver las procesiones, escuchar a la gente llamar “guapa” a la virgen y seguir con devoción y expectación como esas estructuras pasaban milimétricamente por esas angostas calles soportadas por aguerridos costaleros, todo eso desembocaba en una cena en un restaurante cercano. Una cena en la que, desde la mesa de los niños, veíamos a los adultos hablar de sus cosas, comentar lo bien que estaban de vacaciones, lamentarse de no poder estar todo el año de vacaciones.

Nosotros, comiendo con la ansiedad propia de un niño y bebiendo litros y litros de Fanta de Naranja ( la Coca-cola estaba prohibida al no dejarnos dormir), estábamos en nuestro mundo, sin entender toda esa parafernalia previa, sin ser conscientes todavía de la rutina posterior que atenazaba ese jueves o viernes santo a los mayores. Pero, sin duda, disfrutando de esos platos que sólo tomábamos en Semana Santa, platos fundamentalmente de pescado, pero también verduras y derivados, siempre sin carne ya que, por tradición religiosa, la carne no se debe comer en cuaresma.

Ese potaje de vigilia, esos buñuelos de bacalao o esas torrijas de premio al final de la cena. Recuerdos de una época que ahora vuelve, la Semana Santa, pero sobre todo nostalgia de una infancia que ya no volverá.

Acércate con los tuyo a LOLA&CO y rememora todos esos momentos. Lola&Co, la mejor cocina tradicional en el corazón de Chueca.

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